viernes, 7 de febrero de 2014

EL REINO DE SLAUERHOFF, DE PROFESIÓN MALDITO

Mi autor fetiche, casi desconocido para los hispanohablantes y al que venero con fotografías que son como sagrados iconos en uno y otro lugar de mi biblioteca: Slauerhoff; escritor del que estoy irremediablemente obsesionado y pieza clave que vertebra y canaliza mi pasión por la literatura en lengua neerlandesa. Según afirmaba el escritor neerlandés W. F. Hermans, éste es el mejor poeta en lengua neerlandesa de todos los tiempos, aunque no sólo fue delicado con la lírica, también cultivó con sutileza la prosa, tanto novela como relato, así como la crítica literaria.

Hoy he recibido, en un paquete que no auguraba su resplandeciente contenido, los ejemplares de la traducción que hace ahora dos años realicé de la esencial novela modernista El reino prohibido, del citado Slauerhoff (1898-1936), médico, poète maudit, discontinuo y leve opiómano —anecdótico en resumen— y novelista muerto a causa de la malaria que acentuó una tuberculosis que echó raíces hasta en su propio ser y anidar en sus entrañas.

El reino prohibido, Huerga & Fierro (2014)
La edición, minuciosamente cuidada por Huerga & Fierro, importante editorial y pionera en el panorama poético de nuestro país, ha sido la encargada de publicarlo haciendo uso de un exquisito cuidado, como pocas editoriales hacen, en buen papel y sobria portada; en definitiva una elegante y delicada edición. En lo que respecta a mi tarea, amén de la traducción de una obra complejísima en todos los aspectos, he incluido un estudio preliminar y más de doscientas notas a pie de página, lo que supone no sólo la más completa de todas las traducciones realizadas en el resto de lenguas (inglés, francés, chino, alemán, portugués...), también en lo que se refiere a lo editado en su lengua original: el neerlandés.

Entrando en materia, esta inclasificable novela es una suerte de intrincadas rarezas que se encuentra cuajada de momentos extraños y alucinantes galopando sobre una historia que va tejiendo y destejiéndose una y otra vez siendo cabalgada por un eminente protagonista: Luís de Camões y su siglo XVI; y desde ese punto de partida la madeja va soltando y recogiendo su hilo perpetrando una constante analepsis de ida y vuelta desde ese siglo hasta el XX,  ya en la piel de un oscuro radiotelegrafista irlandés carente de nombre —todo un significativo detalle—: un sin nombre. La genialidad de Slauerhoff hace construir una historia repleta de simbolismo y juegos —bromas— que afectan al argumento y que a mi entender resulta precursora de La historia siguiente, la famosa novela escrita por otro venerador de Slauerhoff, el exquisito Cees Nooteboom, en donde las frases y situaciones pulsan el interruptor de la eterna literatura para conectar así el modernismo del primero con el posmodernismo del último.


Rematar este post afirmando que la lectura, edición y traducción de esta obra se convirtieron en una tarea enfermiza para mí; una perniciosa obsesión en la que incluso llegué a caer enfermo al concluirla, y tal y como le ocurrió al escritor Jean Giono al traducir al francés el Moby Dick de Melville, yo también estuve a punto de enloquecer y ser engullido por un trasunto de un moderno Leviatán. Con el libro entre las manos sólo puedo agradecer a Huerga & Fierro que haya editado mi trabajo de manera tan sublime, pudiendo, ahora sí, satisfacer yo mismo mi propia locura.

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