miércoles, 23 de julio de 2014

NUEVA CRÓNICA DESDE ÁMSTERDAM, JULIO 2014 (III)

Martes, 15 de julio de 2014 
408º cumpleaños de Rembrandt.

A pesar de visitar anualmente esta ciudad –en ocasiones hasta tres veces al año– desde hace ya cerca de dos décadas, me sigue fascinando y sorprendiendo la luz que irradia este cielo y se refleja sobre el agua y sus extensas llanuras. En relación a ese tema encontré hace unos días en la librería del Rijksmuseum un DVD que habla sobre ello, estableciendo relación entre los pintores y la luz: Hollands licht (Pieter-Rim de Kroon, 2010).


Miércoles, 16 de julio de 2014
Como cada anochecer en el que el sol acompaña, en ese momento preciso una nutrida bandada de enloquecidas gaviotas sobrevuela el Sloterpark, y con estridentes graznidos luchan entre sí, compitiendo con el bramido de los aviones que a esa hora cruzan el cielo previamente marcado por las estelas de otros motores, y como si éstos fuesen aperos de labranza arando un techo esponjoso de nubes.   

Estos días rescato los poemas que compuse entre los años 1998 y 2000 bajo el título Ámsterdam. Siete poemas de alabanza, y que están integrados en el poemario Poemas apócrifos. Los hijos malditos de Job (2013):

Mientras el día aparenta ausencia, 
la noche aguarda callada, 
alterada sólo por el encuentro agitado  
de un reloj con el tiempo: 
¡ya amortaja a la ciudad con su manto de oscuridad! 
¡ya embalsama sus calles y tejados!,
y la muerte se hace tan visible como Herman Brood, 
Ámsterdam, destilando su ocaso húmedo y mojado, 
infestada de niebla esponjosa y anacarada  
–como algodón–, de bicicletas volatilizadas,  
abducidas por la lluvia de púas afiladas.  
A lo lejos, contemplo los árboles, como esqueletos, 
un cementerio de ramas corrompidas por el agua. 
Escucho, recorriendo las avenidas, un frío lamento.

Muerte en los canales. Requiem æternam - (Poemas apócrifos. Los hijos malditos de Job, 2013) 

Jueves, 17 de julio de 2014
Visita a la Casa de Rembrandt tras ser imposible hacerlo el día de su reciente cumpleaños. La impresión de volver a entrar en ella, tal y como me sucedió en el Rijksmuseum, hace imposible encontrar los adjetivos precisos para describir las sensaciones. Cada habitación, cada objeto, cada cuadro, cada mota de polvo, cada haz de luz... se transforma en esencia del pintor, como si se percibiese su presencia que parece escucharse pisando el suelo de madera con pies cansados. Me emociona observar la cama-armario en la que dormía, o imaginarlo en esa habitación repleta de bustos, fósiles, caparazones de tortuga, animales disecados y todo tipo de objetos curiosos que más tarde pintaba en sus cuadros, o pensar cómo trabajaba en su estudio, en el que han conseguido que huela como entonces: a aceite de linaza y a trementina. Como símbolo, su caballete en pie preside la gran sala, orientada hacia el norte como según los expertos debe estar un estudio, idóneo para la luz.

Estudio de Rembrandt
Me impresiona el cómo, la forma, las herramientas (y no sólo me refiero a las materiales) y el proceso creativo de los grandes creadores para engendrar sus obras, ya sean cineastas, poetas, músicos, pintores... Tengo la total certeza que existe un elemento común entre todos ellos, y que la mayoría podrían cambiar de disciplina sin problema y seguir creando.

Como siempre, me acuesto con la sensación de que aquí cada día descubro algo nuevo y diferente, cosas en apariencia simples, nimias, que bien podrían carecer de importancia y nunca es así, e incluso cosas que ni siquiera sé que he descubierto.  

Viernes, 18 de julio de 2014
El país entero despierta aún más conmocionado, aunque anoche ya se fue a la cama con escalofríos. Nuevos datos sobre el avión comercial derribado por un misil: a bordo iban 298 personas, de las cuales al menos 189 eran holandeses. Banderas a media asta y flores recordando a las víctimas. Hay lugares que huelen a muerte.

En el ocaso la ciudad se transforma en una gigantesca colmena, y en cada casa brilla una luz, y las abejas se mueven de un lado al otro; nunca termina de apagarse la luminiscencia de Ámsterdam. 

Sábado, 19 de julio de 2014
Intenso calor que envuelve a cada ser, portadores de sudorosos cuerpos, dejando a los vivos como crisálidas que no terminan de eclosionar. Sol impenitente de este día que aquí han calificado de calor tropical. En los canales del cercano parque a uno y otro lado pescadores, y sobre la plateada superficie se cruzan barcos. Los canales simulan ser heridas o incisiones sobre la tierra; el agua la sangre.  

Domingo, 20 de julio de 2014
Con la madrugada ha llegado la lluvia, y el sol ha desparecido. Diez grados ha descendido la temperatura desde ayer, y el amanecer huele a hierba mojada y a rocío.

Temprano, sobre un tranvía deshabitado y cargado de ecos, que va haciéndose camino por una oscuridad de poderosa luz, llego hasta el centro. Vago solo por las calles, vacías de gente, sin tiendas abiertas, sin  turistas... sólo amsterdameses, dejando que la fina agua que cae del cielo me moje el pelo y la piel desnuda.

Acudo a la iglesia conocida como Krijtberg, en donde ofician una misa en latín acompañada de cantos gregorianos. Desde allí comienzo un largo peregrinaje hasta el norte, o más bien a la frontera en donde éste da comienzo, alcanzando por el Barrio Rosa el lugar en el que todo termina (o quizá purgatorio, zona de tránsito de las almas) o en donde todo nace: Centraal Station. La ciudad permanece revestida de nubes, en ocasiones encapotada de gris plomizo, en otras pintada de blanco inmaculado, y más tarde se oscurece para de nuevo dar paso a un sol tímido y enrarecido que vuelve a desaparecer y otra vez el cielo se tapiza.

Sinagoga judeo-portuguesa según un grabado de Fouquet-Atlas (1760-1783) ©bma.amsterdam.nl
Alcanzo el NEMO, y tras contemplar el lejano horizonte de la ciudad y sus edificios, que parecen ser borrosas pinceladas de un delicado pintor, acaban derritiéndose el uno con el otro. Regreso por el antiguo Barrio Judío, y al que yo sigo llamando así y tanto me fascina pasear por él e imaginar historias antiguas, pensar en Spinoza recorriendo estas calles. Hago una parada en la Sinagoga de la comunidad judeo-portuguesa de la ciudad, terminada en 1675 y fundada por los sefardíes que de Portugal y España llegaron a Ámsterdam en el siglo XVI. A esta comunidad pertenecía el filósofo, que fue excomulgado más tarde.
 
Lunes, 21 de julio de 2014    
Llego hasta el Dam por la Kalverstraat, arteria bulliciosa y agobiante que me desagrada y evito... salvo hoy. Imposible caminar ni contemplar nada; se levita sobre el suelo y la gente te lleva en volandas. Un río inanimado de personas te arrastra, como subido en la cresta de una ola. El nombre de esta calle (Calle del Ternero) tiene su origen en el mercado de vacuno y de ganado en general que hace siglos había en la zona y los animales transitaban por aquí. Así aparentan muchos, ganado que no sabe a dónde se dirige.

Lluvia, de nuevo agua. Paseo primero –y corro más tarde–, sorprendido por el inesperado chaparrón, sin paraguas y con sombrero panamá, que acaba en un estado lamentable. Visito la Librería-Antiquario Kok, otra vez; hoy refugio en todos los sentidos. Cuando por las calles del centro observo los modernos rickshaws amsterdameses, la mayoría movidos mediante pedaladas y algunos otros ayudados de luz solar, recuerdo a Slauerhoff y su novela El reino prohibido, un elemento recurrente en ella, que todo transporta, y no sólo en el sentido físico.

Llego a casa empapado de agua; una manera inusual de llover en esta ciudad. En la noche, impregnado todo de la lluvia que sigue cayendo sin tregua, el viento agita los olmos del parque, y desde el dormitorio los escucho, tal y como si estuviesen hablando, con los patos, con las garzas... y las gaviotas carcajeándose. 

Martes, 22 de julio de 2014
Apareció el sol tras la tempestad de ayer, pero la triste noticia ocurrida en el pequeño y ahora lejano trozo de tierra al que pertenezco ha hecho que vuelva a ocultarse aunque en realidad siga brillando. Desgana, sólo tristeza; sería un insulto en este momento tratar de ser feliz. No quedan más palabras para hoy.



 

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