viernes, 1 de agosto de 2014

DESDE ÁMSTERDAM, CRÓNICA FINAL JULIO 2014 (IV)

Miércoles, 23 de julio de 2014

Cadáveres de los hermanos De Witt, Jan de Baen (1672)
Jornada de intensísimo calor en el que nada me apetecía sino pasear, sin ganas de visitar tiendas, ni librerías, ni comprar nada. Me apeo del tranvía en la Westerkerk, cerca de la casa de Anne Frank. Como en una especie de peregrinaje espontáneo, he paseado por calles y casas en las que nacieron o vivieron escritores, filósofos e intelectuales: la del poeta W. Bilderdijk, la del filósofo Descartes (en donde redactó su último tratado: Las pasiones del alma) y la del también filósofo, teólogo y pedagogo Johan Amos Comenius.

De allí he transitado por la Haarlemmerdijk, calle de exquisitas curiosidades, apenas transitada –afortunadamente– por turistas y repleta de tiendas raras y peculiares: conchas, navajas, libros de gastronomía, delicatessen, jabones, barberías, imprentas al estilo tradicional, grabados... y a espaldas el canal en donde hace siglos estaban establecidas las fábricas de elaboración de cerveza y licores, canal desde donde intuyo embarcarían  las mercancías.

Llego hasta Centraal Station –auténtico avispero de gente– y continúo con el periplo por los lugares en donde en esta ciudad alguna vez vivieron auténticos personajes: el pianista y compositor Franz Liszt en la Mozes en Aäronkerk (iglesia), que precisamente es el mismo lugar –ahora desaparecido– en el que nació Spinoza y sobre el que se edificó el citado templo. De allí camino para contemplar la espectacular estatua erigida en honor a éste, junto al Stopera. Hace días pasé por el Café Scheltema que el escritor y periodista Joseph Roth frecuentaba –y puede que se emborrachara–, así como por el Hotel Eden, en donde se hospedaba, frente al Amstel. De nuevo podría haber peregrinado por la calle y casa en la que Slauerhoff residió cuando estudió medicina aquí, pero no lo he hecho.

Monumento erigido en honor a Spinoza
Día de luto nacional. Todos los edificios públicos, incluidas las iglesias, presentan banderas a media asta. A las 15:55, hora en la que aterrizaban los primeros restos mortales de los fallecidos en el atentado de Ucrania las iglesias de toda la ciudad han repicado sus campanas durante quince minutos. Los dependientes de las tiendas han salido a la calle, uniéndose a ellos los viandantes en un respetuoso y emocionante minuto de silencio.  

Jueves, 24 de julio de 2014
Sol, aunque el calor ha remitido con respecto a ayer. Paseo por Osdorp y Sloterpark.
En algunas noches, en plena madrugada y con la oscuridad y el silencio dominadores de todo, escucho desde la cama el retumbante bramido de un barco que imagino surcará las legendarias aguas del puerto de Ámsterdam, al noroeste y a unos seis o siete kilómetros de esta habitación. Imagino historias de épocas antiguas.

Viernes, 25 de julio de 2014
De un gris luminoso del amanecer el cielo ha ido cubriéndose de más y más nubes, y cuando me disponía a salir ha comenzado a caer una lluvia ligera y agradable, propia de esta ciudad. Compro un libro que incluye todas las farsas de Bredero (me faltaban dos) en Antiquariaat Brinkman, en donde ya había adquirido ejemplares en otras ocasiones, vía internet. Exquisita su sección de bellos ejemplares del siglo XVI hasta el XVIII: historia y literatura neerlandesa, geografía, filosofía... Busco todo y nada en el rastro de Waterlooplein.

Sigue sorprendiéndome de lo burdos (chabacanos, vulgares...) que son los llamados coffeeshops, nada que ver con los fumaderos de opio que describían los poetas del XVIII y XIX. Regreso desde Haarlemmerdijk hasta Prinsengracht, con una lluvia que va incrementándose y un cielo oscuro pero extrañamente aún más luminoso. Paso por Westerkerk y Rozengracht, en donde me subo al tranvía en el que he de apearme tres paradas antes de mi destino por un problema con las puertas, caminando de vuelta a casa durante media hora, entre la humedad y la niebla en la que el parque se encuentra custodiado.

Cada semana me acompaña la lluvia, que se mezcla con la banda sonora de este mes: el piano de Erik Satie respondido por el susurro de los olmos y roto por los graznidos de las enormes gaviotas. Lectura hasta bien entrada la madrugada.

Sábado, 26 de julio de 2014
Pasado el mediodía y abolido el sol de la mañana una tormenta asedia la ciudad. Se ven caer los rayos cerca de las casas con estridentes latigazos que iluminan el firmamento. Las gaviotas, al principio emitiendo ensordecedores graznidos, acuden segundos después a refugiarse a algún lugar que desconozco, pero amenazan con volver. Aquí estaré esperándolas.

Al tiempo que sigue cayendo la lluvia e incrementa su fuerza, se cubre el cielo de nubarrones negros,  mas con la sorprendente luminosidad con la que conserva cada calle, como en almíbar y mientras repaso algunos poemarios adquiridos estas semanas, escuchando el Autumn Leaves de Chet Baker & Paul Desmond.  

Domingo, 27 de julio de 2014
Paseo con E* y N* por Sloterpark y el Kinderboerderij (granja para niños). He recordado la novela de Orwell, Rebelión en la granja, en especial un cerdo que a sus anchas y sin sentirse perturbado por la presencia de nadie engullía hierba con delectación, a pesar de tocarlo y acercarme a escasos centímetros para inmortalizarlo. Por rito pagano lo he bautizado como Snowball; no ha sido difícil encontrarle nombre.

(Mi) Snowball
Ya solo, pasado el mediodía viajo en tranvía hacia el centro. Visito el Museo Judío y en su interior la antigua y primitiva sinagoga de la ciudad, en este caso ashkenazí. Imagino a Spinoza paseando por estas calles que yo piso.

Por la noche da comienzo el espectáculo de sonido, fuegos y luces de colores: se acerca una fuerte tormenta y comienza a llover. 

Lunes, 28 de julio de 2014
Durante toda la noche se ha alternado un cielo en calma con las leves nubes de una tormenta menor desde la que caía escasa lluvia, pero al amanecer una cortina impenetrable impide observar el exterior; impresionante telón de agua. Graves inundaciones en varios lugares de la ciudad y el país.

Cuando todo hacía pensar que me sería imposible huir de la casa, en un momento de claridad que creí efímero, salí de ella como un animal desbocado, ansioso de pasear por la ciudad y perderme por sus calles menos transitadas... deseando a Ámsterdam. 

El día anterior, en la visita al Museo Judío encontré en el suelo una entrada para la sinagoga judeo-portuguesa, así que de nuevo la he visitado, en esta ocasión durante más de una hora y con mayor lentitud, empapándome de cada recoveco. Lo curioso es que he vuelto a encontrar otra entrada para el Museo Judío.

Martes, 29 de julio de 2014
Nublado y escaso sol, extraviado en algún lugar ahí arriba. E*, N* y yo nos montamos en tranvía hasta Centraal Station, y de allí paseamos por el Barrio Judío y visita al Hollandsche Schouwburg, teatro que durante la II Guerra Mundial sirvió de lugar de deportación de judíos hacia los distintos campos de concentración. Escalofriante monumento en honor a los fallecidos; huele y se siente en su interior la muerte.

A la vuelta reposamos bajo los árboles de Vondelpark.

Miércoles, 30 de julio de 2014
Me apeo del tranvía en la Kinkerstraat para comprar en una pescadería un arenque y comerlo tal y como lo hacen los lugareños: con pepinillo y cebolla. Desde allí voy embebiendo los últimos alientos que la ciudad me hace tomar, en un lento paseo, por los canales y sus callejones, hasta desembocar en la sección de libros del siglo XVI y XVII de Scheltema, de nombre similar al del citado café y en honor al poeta Carel Steven Adama van Scheltema, amigo del mencionado Joseph Roth.

Y ya creía haberme desdedido por esta vez de la ciudad, pero pasado el ocaso y entrada la noche, aunque con esa luz sempiterna brillando en el lejano horizonte, decido salir. Las calles del barrio se encontraban desiertas, envueltas en melancólica nebulosa. Denoto que la ciudad va encaminándose al otoño, a pesar del pleno verano, que me hace recordar el sentido (aunque no las estaciones) de unos versos de Eliot en Cuatro cuartetos:

Midwinter spring is its own season 
Sempiternal though sodden towards sundown, 
Suspended in time, between pole and tropic.

La temperatura ha descendido y la luz es menor. Tristeza. Pronto llegará el otoño y sus efectos, aunque estacionalmente aún quede mucho. En el paseo, las aves que durante todas estas semanas me han acompañado se despiden de mí y yo de ellas: grullas y patos, urracas (aquí aprendí lo bellas que eran y no se corresponden con el feo nombre que poseen en español), gaviotas, cuervos, grajas... y que me perdonen si me olvido de algunas. Como me resistía a marcharme, paseo bajo los árboles y plantas del parque: olmos, álamos, ortigas, dientes de león... y de esa planta fascinante que crece a orillas de los ríos y lagos, groot hoefblad cuya traducción literal del neerlandés es "hoja de pezuña grande" y su correcta correspondencia en español es sombrerera o petasites.

Como esta salida nocturna fue espontánea, lo hice ataviado con las vestimentas de estar en casa, lo que incluía una camisa negra con el rostro demacrado y cadavérico de Poe estampado en ella y su nombre bajo éste. En las calles sin tráfico y aceras despobladas me topé con unos tipos con mala pinta, fumando hierba y que no me miraron muy bien; menos aún al de mi camisa, al que deduzco que no reconocerían. Mientras proseguía mi camino –no sé a dónde–, los dos tipejos se giraron observándome y hablando entre sí, intuyendo que estaba siendo perseguido. Recordé el cuadro del Rijksmuseum Cadáveres de los hermanos De Witt e imaginé que podía ser mi última noche, aquí en Ámsterdam pero también sobre este mundo, con esos dos tiparracos asesinándome cruelmente. A la mañana siguiente aparecería en páginas interiores de algún periódico en la sección de breves, en el que se haría referencia a mi camisa de Poe y mi cadáver destripado flotando en algún canal. Regresé a casa imaginándolo todo. ¡Qué poca poética hacer una maleta!

Jueves 31 de julio de 2014
Aeropuerto de Schiphol, 5 a.m., en la madrugada y casi a punto de salir el sol. Cansancio y pesadas maletas (la mía de récord: 27 kilos, más de la mitad en libros. En una ocasión llegué a pagar 70 euros de sobrepeso –de libros también); puertas y galerías, malas caras, sueños, olor a comida del amanecer y café, despedidas de parejas, novios o amantes, llamadas de última hora, aviones y el avión, autobuses, calor del sur y sequedad polvorienta... del verde al amarillo. Adiós Ámsterdam, contagiado nuevamente de tus metamorfosis y metáforas. Adiós. 

“Todas estas metamorfosis mías son metáforas de tus metamorfosis”.

C. NOOTEBOOM La historia siguiente


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