martes, 29 de diciembre de 2015

ESCUETA (E INAPETENTE) CRÓNICA INVERNAL DESDE ÁMSTERDAM (PARTE I)

Jueves, 24 de diciembre de 2015

De nuevo Ámsterdam. Otra vez, aunque todo me resulte viejo y antiguo, excesivamente conocido y ya parte de mí. Es una sensación como si tuviese una casa muy grande y visitase una habitación que frecuento menos que el resto, pero que en definitiva es parte de ella.

No me apetece ir al centro (o no deseo hacer nada). Hoy no siento la ansiedad de costumbre de caminar por los canales, y tampoco necesidad. Paseo por Osdorp. Apenas llueve y resulta agradable respirar el aire fresco que acicala el ambiente.

Me paso por la librería Meck & Holt, pero no tengo ni la paciencia ni la atención necesaria para encontrar ningún libro. Deambulo, abstraído, sin ganas de concentrarme en nada y con pensamientos que me aprisionan y trato de disuadir; sí, trato de hacer desaparecer la desazón y el desasosiego que me atenaza los últimos meses. 

Ámsterdam sería un lugar idóneo para los poetas clásicos chinos, aquellos que Slauerhoff versionó en el poemario Yoeng poe tsjoeng (cuyo significado es «inútil»), rebosante de poemas depresivos, escépticos y taciturnos que muestran decepción y desilusión por todo. A sus poetas he acudido últimamente con el fin de refundir yo también mis poemas predilectos. 

Li Tai Po (701-762)

Viernes, 25 de diciembre de 2015

Paseo lento por el gran parque que circunda Osdorp: Sloterpark. Lluvia ligera. Ni ayer ni hoy apenas me he alejado un par de kilómetros de la casa. Las aves se mezclan con los ajetreados transeúntes y los topos se hallan escondidos tras dejar montículos de arena sobre la hierba para que sepamos que existen. ¡Qué estúpido es el ser humano! Pensando como casi siempre en Slauerhoff y en los poetas clásicos orientales surgen unos simples versos:

ESPERANDO LA PRIMAVERA
       
Cruza la garza amarilla
un estanque contemplado en la lejanía
por borrachos disfrazados de Papá Noel:
el cuervo muestra su asombro,
su enfado la gaviota, que grazna;
se oculta harto de Navidad el topo,
y yo asumo el papel de los tres. 

Casi las 15:30. La oscuridad no tiene piedad de la luz: 

Hay una luz remota, sin embargo, 
y sé que no estoy solo (...) 


Sábado, 26 de diciembre de 2015

En Ámsterdam sólo hay cinco días al año en los que los tentáculos del letargo casi llegan a trastocar y someter a la ciudad con una paralización que roza lo absoluto: comercios cerrados, menor frecuencia de tranvías, apenas gente... y tres de estos días se dan en Navidad: el 25 y 26 de diciembre y el 1 de enero.

Suena Joy Division y la poesía de Ian Curtis:

Morning seems strange, almost out of place. 
Searched hard for you and your special ways. 
These days, these days.  

Spent all my time, learnt a killer's art. 
Took threats and abuse 'till I'd learned the part. 
Can you stay for these days?

THESE DAYS


Paseo en bicicleta por la campiña de verdes campos, empujado y casi volteado por un fuerte viento y la ausencia total de lluvia y casi de nubes...


... y termina el día mientras espero como cada tarde frente a la ventana ver pasar cientos de pájaros penetrando un cielo violeta, deslumbrante e imposible de retener en la retina.


Domingo, 27 de diciembre de 2015

Me despierto, y acto seguido escucho las piezas que conforman Gymnopedie y Gnossienne, en este lugar en donde más veces he sentido ganas de dejarme ahogar por el piano de Satie.

Hoy por fin me he decidido a llegar hasta el centro. Me apeo del tranvía frente a Westerkerk, y sin una meta clara ni lugar preciso a donde ir, camino como un autómata, espoleado por el humo del hachís que me acompaña todo el paseo, sin destino pero empapándome de Ámsterdam, de su finísima lluvia que cae y la noche que prematuramente lo absorbe todo.


Llego a la Librería-Anticuario Kok, pero me siento intranquilo y sin ganas de concentrarme en buscar nada; más tarde entro en la librería Scheltema y me encuentro con que los libros se han convertido en camisas y pantalones, y no por arte de magia; no llevo la cuenta de las librerías que he visto cerrarse aquí los últimos años, pero han sido muchas.

Librería-Anticuario Kok
Regreso, galopando sobra la infinita oscuridad. Los árboles esqueléticos aparecen más definidos sobre un fondo plomizo y las aves sobrevuelan sus copas, posándose y graznando malhumoradas por la condición humana, obligadas a convivir con nosotros. Y así se escabulle otro día.


Lunes, 28 de diciembre de 2015

He quedado con A*** y C*** para almorzar junto a Leidseplein. Para llegar hasta allí cruzo el Lauriergracht pasando por el Jordaan, el barrio bohemio con su deliciosa vida pausada. Luce un sol impropio para Ámsterdam en esta época: el cielo es límpido, de un azul como el de las cerámicas de Delft. El barrio arroja escenas primorosas, sin turistas, un hipster en bata que sale al portal de su casa para fumarse un cigarro, olor a tostis de queso y café recién hecho que sale de los hogares; me detengo ante una larguísima estantería llena de libros que fisgoneo tras el cristal (irreverente voyeur de libros) y unos metros más adelante emerge el anestesiante sonido de la trompeta de Chet Baker, que murió en esta ciudad en extrañas circunstancias.

(...)         
Decrescendos licuados de negras fúnebres          
y blancas aceradas: un pentagrama          
de necropsia y silencios, rotos,          
sobre el grisáceo pavimento.

ROOM 210. PRINS HENDRIKKADE  (Poemas apócrifos, 2013, 2015)

Vago por las calles y canales, de un lugar a otro; visito algunas librerías, paso en varias ocasiones por el Barrio Judío y espero hasta que se hagan las cinco de la tarde mientras contemplo una bella puesta de sol invernal sin nubes que se interpongan. Acudo a la Sinagoga, lugar al que tanto me he acercado en los últimos años (en todos los sentidos) para deleitarme con el templo alumbrado por cientos de velas, una maravilla que les lleva casi tres horas en encender por completo.


Pasadas las siete de la tarde llego a casa, en un tranvía repleto de gente, aplastado y como parte de una masa ingente compuesta de cuerpos humanos. Por la noche, agotado de tanto caminar termino un poema sobre Ámsterdam en el que llevaba trabajando unas semanas.


Martes, 29 de diciembre de 2015

Ligera lluvia y más frío que los días anteriores. En bicicleta hasta Kinkerstraat y el mercado Ten Katemarkt, lugar que frecuentaba con asiduidad hace años y ejemplo de multicultarilidad en donde se mezclan orientales, surinameses, brasileños y sudamericanos, mujeres con burkas y nikabs, turcos con sus tiendas y puestos de comida desprendiendo sugerentes olores.

De Halle
A continuación entramos en De Halle, un antiguo taller de tranvías, totalmente restaurado que ofrece espacios múltiples, restaurantes, tiendas de bicicletas, cines, galerías de arte, talleres de costura...

Regresamos a la casa y N*** se duerme sobre su silla de la bicicleta. Cae el sol, lentamente y como resistiéndose a morir, en esta peculiar metrópoli de la que ya reconozco hasta el olor que hay en cada una de sus esquinas, una ciudad que si tuviera que resaltar una característica suya por encima de todas, sería la sensación continua de melancolía y tristeza que impregna  siempre mi estado de ánimo, ya sea invierno o verano; más al caer noche que durante el día.

(Continuará...)


   

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