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jueves, 26 de febrero de 2026

NERVAL, VERLAINE, CURIEL, Y LAS MIL MÁSCARAS DE PEDRO J. VIZOSO

Yo también soy palabra.
«La ciudad y la muerte», PEDRO J. VIZOSO


Todo en la vida nos remite a un porqué, y también todo tiene su inevitable génesis. Esta génesis y este porqué nos llevan directamente al París del siglo XIX, aunque sea de manera indirecta y, por supuesto —o quizá no—, virtual; y asimismo a un nombre: Gérard de Nerval, el poeta romántico francés aquejado de graves crisis de locura que terminó ahorcándose en un sucio callejón de París. 

Pero lo que hace realmente famoso a Nerval es su poesía y trasfondo, que por supuesto conocía y en la que tuve la suerte de volver a zambullirme en ella gracias a que casualmente encontré una edición con toda su obra poética completa. Ésta incluía, además de una perfecta y ágil traducción de sus poemas, un minucioso estudio biográfico en una reedición revisada por el propio traductor de aquella que vio la luz en 2019. Y es aquí en donde entran en juego todos esos «porqués» a los que aludía al comienzo de esta pieza y que desembocan en Pedro J. Vizoso.
 

[...] Volverán esos dioses por los que siempre lloras.
El tiempo vuelve al orden de las antiguas horas,
un profético soplo sacude al mundo entero... [...]

«Dafne», G. NERVAL

Pedro José Vizoso (Xinzo de Limia, Orense, 1959): pero ¿de cuál de los Vizoso tendría que hablar aquí? ¿Del Vizoso traductor y especialista en poesía francesa decimonónica (románticos, simbolistas, decadentistas, malditos...)? ¿De quien es profesor de lengua española en la Universidad Hastings College de Nebraska? ¿O acaso de quien escribe relatos de misterio que nos hacen recordar a E. A. Poe? No nos olvidemos, no, de sus estudios sobre el modernismo que recopila en títulos como Galería modernista, una suerte de bestiario de poetas modernistas hispanoamericanos y españoles, o ese libro que ya lo explica todo con su título: Madrid modernista: el espacio urbano madrileño en la literatura bohemia del modernismo español

En la Grecia antigua, la máscara (prósopon, «lo que está delante del rostro»), era un elemento imprescindible en el teatro. Servía para exagerar las emociones, amplificar la voz y representar personajes típicos de la tragedia o la comedia, y jugaba un papel clave en los rituales colectivos vinculados al dios Dioniso. Vizoso es, si se me permite la metáfora, una matrioska de la literatura en su más amplio sentido o, haciendo uso de esa costumbre en la antigua Grecia, una sucesión de máscaras literarias. «Pero también», me avisa una vocecita que se sitúa junto a mi oreja, «de ese poeta de composiciones intimistas y evocadoras que narran una pequeña historia influido por el modernismo»: colecciones de poemas con títulos como Lo real y su sombraCuaderno de bosque o La ventana, libros que ya quedan perdidos en las místicas librerías de lance o en misteriosas páginas de la inconmensurable red. 


Lo real y su sombra es un poemario compuesto por poemas escritos en Caracas entre mayo y noviembre de 1986, e impreso en la legendaria Imprenta Sur (llamada ya en 1993 Dardo), rotativa en la que aparecieron gran parte de los primeros libros de la mayoría de integrantes de la Generación del 27 o la revista Litoral que editaron desde 1926 a 1929 los poetas malagueños Manuel Altolaguirre y Emilio Prados. Entre las «preferencias literarias» que sustentan esta colección de poemas (que incluye caligramas y haikus) como el propio Vizoso admite, nos encontramos a Breton, Eluard, Char y Octavio Paz, así como algunos poetas modernistas hispanoamericanos, y es son estos últimos, junto a escritores menos conocidos (Jules Supervielle, Georges Schehadé, Benito Mieses...), serán quienes en el futuro supongan el cimiento literario tanto para la propia producción literaria de Vizoso como para sus estudios y trabajos críticos posteriores. 



Día a día
voy sacando mi muerte
del bloque de los años,
estatua informe de algún dios terrible
cuya figura ciega
labro con el cincel
del minuto y la hora... [...]

«El patio», P. J. VIZOSO

Ahora me detengo en Profundidad de los libros. El revés de la trama (un subtítulo que ya en sí es una declaración de intenciones), una recopilación de narraciones de muy diverso estilo y variada temática: hay relatos fantásticos, meros apuntes oníricos, piezas posmodernas (o casi psicodélicas), escenas de crudo realismo, fragmentos autobiográficos e incluso falsas reseñas. Es, en conjunto, un volumen extraño que del centenar de piezas que afirma haber escrito su autor, reúne veinticinco en este volumen, lo que sugiere que podrían publicarse otros tomos en el futuro.


Apuntaba anteriormente ese poso literario de unas narraciones que recuerdan a las de Poe y Joyce Carol Oates, pasando por Lovecraft, si bien ese toque de romanticismo visceral y macabro, sello personal del escritor nacido en Boston al albor del siglo XIX, se ve contagiado por el modernismo del que es especialista Vizoso. Nos encontramos todo el imaginario del romanticismo (cementerios, muertos y funerales), sueños, libros y viajes, e incluso con Nerval, elementos que aparecen en títulos como «El viajante», «El alquimista», «Profundidad de los libros» (relato que da título al libro), «El viaje de Clarence» (en donde aparecen los espíritus de todos esos poetas que tanto amamos), «Los muertos», «Un funeral» o «La muerta del motel White Sands», ambos fascinantes y que suponen a la vez un verdadero divertimento.

Quiero hacer a continuación una necesaria parada en Elías David Curiel (1871-1924), un poeta judío-venezolano del modernismo prácticamente desconocido en nuestro país a pesar de compartir idioma. Pero Pedro J. Vizoso nos ha regalado (porque esa es la palabra) dos ediciones muy personales de su obra: Obra poética (2022) y Textos desconocidos (2024). Elías David Curiel fue periodista, docente y poeta maldito, y no abandonó jamás —salvo por un corto viaje a Los Teques y Caracas— Santa Ana de Coro, su ciudad natal, a la que se sentía ligado, como me apunta Vizoso, «por una especie de vínculo cósmico, y en donde se entregó a los paraísos artificiales del éter y el cloral». En la poesía del escritor venezolano nos encontramos referencias al judaísmo, a la cábala y a su herencia sefardí. Curiel se suicidó en 1924 a los 53 años, pero eso sí, ya advierto a románticos e impenitentes buscadores de tesoros encuadernados: no pierdan su precioso tiempo explorando en las librerías de viejo (ni mucho menos de nuevo), porque no hallarán nada salvo estas ediciones de Pedro J. Vizoso.

El alcohol mi mente fosfórica inflama 
en el cadavérico azul de su llama: 
Nephente que infunde narcótico olvido 
o chispazo eléctrico en gas comprimido: 
actos que preside conciencia ilusoria 
y clausura ausencia total de memoria. 
Reacción depresiva de dientes roedores: 
Nerviosos altruismos y absurdos temores.

«Al través de mi vida», E. D. CURIEL



La obra de Pedro J. Vizoso es, como afirmaba anteriormente, una matrioska sin fin, tanto por su propia obra como por sus traducciones, y entre estas cuidadas ediciones nos presenta a poetas franceses casi desconocidos y sorprendentes, como Germain Nouveau (Saber amar: Poemas de amor, devoción y bohemia, 2015), Xavier Forneret (Vapores: ni verso, ni prosa, 2018) o el decadentista Maurice Rollinat (Neurosis, 2025), y por supuesto a escritores conocidos por cualquier amante de la poesía como Paul Verlaine (Celulariamente: Poemas y cartas de la cárcel, 2020) o el ya citado Gérard de Nerval. Hace apenas unos meses dio a conocer dos obras más de Verlaine en Entre Mathilde y Arthur (2025), que contiene los exquisitos poemarios La buena canción y Romanzas sin palabras, que el editor y traductor de estos poemas nos presenta en un solo tomo con acertado criterio, pues ambos trabajos marcaron dos momentos fundamentales y críticos en la vida de Verlaine: por un lado su matrimonio con la bella adolescente Mathilde Mauté, y por otro su escandalosa huida a Londres con un joven amante de la misma edad que su esposa: el poeta Arthur Rimbaud. Difícil escoger un solo poema del poemario Romanzas sin palabras, en donde destacan pasajes de bellísimas descripciones perfectamente trasladadas a nuestro idioma, como las composiciones de las secciones «Birds in the Night», «Acuarelas» o «Paisajes belgas». 

¡Ladrillos, tejas, 
oh los tranquilos
dulces asilos
de las parejas!

¡Lúpulos, vides, 
hojas y flores, 
célebres lides 
de bebedores!

¡Íntimas chozas,
vinos, clamores,
fáciles mozas
de fumadores!

Trenes tardíos, 
rutas distantes...
Vamos errantes
como judíos. 

«Walcourt» («Paisajes belgas»), P. VERLAINE


Este artículo se antoja obsceno en cuanto a la brevedad que ocupa, pues en la extensa obra de Pedro J. Vizoso se citan gran parte de aquellos escritores que han marcado la Historia Universal de la Literatura, tanto por sus influencias a la hora de escribir su propia prosa y sus poemas, como por sus estudios y traducciones, un hombre que no parece de este tiempo sino más bien nacido desde la luz del Renacimiento, aunque sus poetas predilectos deambulen en las más radicales tinieblas, un Vizoso que es un auténtico artesano publicando a poetas misteriosos en este mundo incomprendido y poco valorado que puede llegar a ser la edición literaria, y todo lo hace con una labor minuciosa y silenciosa henchida de luminosidad. 

[...] cada mañana el mundo
acaba de inventarse

«Día que vuelve», P. J. VIZOSO

viernes, 5 de septiembre de 2014

NICANOR PARRA Y SUS CIEN AÑOS DE MATEMÁTICAS

 
Considerad, muchachos, 
esta lengua roída por el cáncer: 
soy profesor en un liceo obscuro, 
he perdido la voz haciendo clases. 
(Después de todo o nada 
hago cuarenta horas semanales). 
¿Qué les dice mi cara abofeteada? 
¡Verdad que inspira lástima mirarme! 
Y qué decís de esta nariz podrida 
por la cal de la tiza degradante. [...]

AUTORRETRATO

En el instituto yo odiaba intensamente las matemáticas; me gustaba la literatura, y la poesía... poco más. Observaba al profesor de la abominable materia e imaginaba que sólo le gustaría leer libros sobre quebrados y figuras geométricas. Así que jamás hubiese pensado que esa ciencia deductiva que estudia los números, logaritmos, senos y cosenos, pudiera tener mucho vínculo con las letras.

Y un día encontré en casa de mis padres algunos números (que hoy aún conservo) de la revista cultural El Ciervo, en concreto el de marzo de 1992. La revista me interesaba en principio sólo porque hablaba de Tolkien. Y cuando terminé con el artículo sobre el escritor inglés me encontré casualmente con algo que decía más o menos así: «Nicanor Parra, el antipoeta». Aquello me extrañó y asustó a partes iguales. Acto seguido leí que era profesor de física y matemáticas, y ya me quedé más tranquilo: «Por eso no le gusta la poesía; es un antipoeta», me dije. Luego sí me sobrevino una especie de duda poético-existencial, pues leí a conciencia sus poemas y me fascinaron, con esa frescura en cada verso, su sarcasmo, la ironía y su hartazgo de todo, sin concesiones ni florituras para la galería.

Nicanor Parra (1914)
Durante unos años lo olvidé (no así las matemáticas, que todavía hoy me persiguen) para después volver a pensar en él, pero creí que ya estaba muerto. Y con alegría supe que aún vivía, pero entonces deduje con pena que no le quedaba mucho de vida, y también me equivocaba: hoy cumple 100 años, pero no me creo que tenga tantos... o tan pocos. El Premio Cervantes decidieron concedérselo casi un siglo después de su nacimiento; estaban muy seguros de su longevidad, pero es que los premios son así de inteligentes, aunque algunos escritores prefieren morir antes de que le otorguen ninguno.  

Puede que alguno crea que porque el chileno sea matemático y físico estas disciplinas tienen algo que ver con la poesía, y debe decirse que NO; y por si alguno se pregunta si al leer a Nicanor Parra, como sucede en esas películas hollywoodenses (sí, parece que se escribe así) me hice matemático o quise entrar en la NASA, la respuesta es NO, TAMPOCO. Aún me producen escalofrío los números, pero nunca un antipoeta fue tan poeta, y gracias a Parra sé que nada tienen que ver los números con las letras. Felicidades, y que vivas un siglo más.

[...] Pero qué es poesía 
Todo lo que nos une es poesía 
Sólo la prosa puede separarnos [...]

QUÉ ES POESÍA


lunes, 24 de febrero de 2014

BREVÍSIMO BESTIARIO MEJICANO

(Brevísimo) Bestiario mejicano (o enciclopedia) 
de ESCRITORES NO (100%) MEXICANOS


y algunas de sus filias y/o fobias reconocibles 

ROBERTO BOLAÑO – D.F. (Café La Habana, calle Morelos con Bucarelli) - Ciudad Juárez - Desierto de Sonora

JUAN GELMAN – Dolor. ("Quiero ser enterrado en México", J.G., sep. 2012.)

Lowry
MALCOLM LOWRY – Mezcal/Traición

"Podemos considerar a México como el mundo, o el Jardín del Edén o ambas cosas a la vez. También como una especie de símbolo intemporal del mundo... México es paradisíaco e indudablemente infernal."  Bajo el volcán.

Pero, ¿para qué quería alguien estar en sus cabales en México? Si uno no estaba ebrio de tequila o de mezcal lo estaría de sol o cielo azul cobalto luz de luna o volcanes, a menos que quisiese dormir todo el tiempo. O enloquecer." Oscuro como la tumba donde yace mi amigo.

AUGUSTO MONTERROSO – Dinosaurios políticos (y él, primer Rey Posthispánico)



ÁLVARO MUTIS – Desesperanza

"No sabemos nada de la muerte, es inútil hablar de ella, pero es bueno invocarla para mantenerla controlada."

ELENA PONIATOWSKA – México de ida y vuelta

"Envidio mucho a los que pueden llorar en los entierros. Yo siempre lloro cuando no debo y cuando debo no lloro."

" (...) México, mi país, se caería en mil pedazos sin las mujeres."


Ilustración de José Guadalupe Posada (Aguascalientes, 2 de febrero de 1852 - Ciudad de México, 20 de enero de 1913)

domingo, 23 de febrero de 2014

EL DE MONTERROSO, EL MICRORRELATO MÁS RETWITTEADO DEL MUNDO

Hace años que vengo profesando una mayor dedicación a la lectura de microrrelatos y relato breve en general. Quizá porque la falta de tiempo me conduce a ello, o puede que sea porque la micronarrativa encarna y posee a la perfección todo lo necesario para disfrutar de una buena lectura y a la vez evocar uno por uno aquellos elementos –que ni mucho menos son exclusivos– de la literatura inconmensurable de interminables libros; aunque probablemente sea por ambas cosas. 

El relato hiperbreve El dinosaurio, de Monterroso junto al dibujo del mismo autor



Con el que más disfruto y mi predilecto por encima de todos es el guatemalteco Augusto Monterroso (1921-2003), narrativa breve que curiosamente me hace ser capaz de enumerar una interminable lista de alabanzas y beneficios para la salud lectora y física. Mucho mérito tuvo Monterroso siendo capaz de sobrevivir fuera de aquel monstruo que fue el boom latinoamericano, ya que el guatemalteco compartía muchas características con los autores más representativos del mismo, pero desde una posición exógena, desde la distancia. A la literatura de Monterroso la conocí en mi primer año universitario gracias a un librito que aún conservo: El eclipse y otros cuentos, editado por Alianza (Cien). Reconozco que masqué aquellas páginas un poco trastocado por la brevedad de sus relatos, en especial el renombrado y archifamoso El dinosaurio, sin creer realmente si aquello  –ese microrrelato– podía ni tan siquiera existir. Bien es cierto que la exquisita literatura de este sublime escritor está llena de referencias a autores clásicos y preñada de una crítica ácida, en ocasiones palpable, en otras latente, y todo recubierto de un fino sentido del humor, de un humor negro y macabro en muchos casos.

Hace ahora un año hablé sobre microliteratura y Monterroso en un artículo que titulé El tweet más perfecto de la (pre)historia, y reconzco que lo redacté harto de oír hablar de tweets y demás expresiones y estilos que las redes sociales han usurpado como si fuese ahora cuando se ha descubierto la brevedad en el texto o la expresión lacónica, reclamando y exigiendo con aquel artículo la paternidad del tweet para el genial guatemalteco. 

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921-Ciudad de México, 7 de febrero de 2003)
El dinosaurio, la citada obra, puesto que es una obra, es todo un fenómeno digno de estudio, y es que resulta extrañamente contradictorio que de tan diminuta composición haya nacido tanta literatura paralela y un número tan exagerado de opiniones, traducida a una decena de idiomas e incluida en otras tantas antologías. Un ejemplo: El dinosaurio anotado, de Lauro Zavala, un asombroso estudio del renombrado relato hiperbreve. Parece meridianamente claro que éste hace referencia al PRI mexicano encarnado en aquel dinosaurio perpetuo y omnipresente, pero si atendemos a su autor, "sus interpretaciones son tan infinitas como el universo mismo". A mí me resulta deliciosa esa relación simbólica tan contrapuesta entre un animal de proporciones gigantescas dentro de una composición tan breve, pero conseguida; pura y delicada paradoja de magistral ejecución. 

De Monterroso, como si hubiese sido inoculado por algún virus, pasé a leer las breves composiciones de Kafka, que también tiene mucho que decir dentro de la micronarrativa, y más tarde a Borges, Max Aub, Ribeyro y últimamente a Fernando Iwasaki. Y de aquellos primeros años universitarios, antes de saber nada de microliteratura, conservo una composición que yo mismo hice a la que curiosamente he recurrido en varias ocasiones, como en esta última, y que comprende su desarrollo, nudo y desenlace en apenas una docena de palabras, pero que entonces no tenía ni la menor idea que aquello podía considerarse un microrrelato.

Afirmó de Monterroso Carlos Fuentes: "lo que a unos nos tomaba cien páginas, a él le tomaba una frase". Sé con total certeza que con el paso de los años la micronarrativa seguirá creciendo y su presencia literaria seguirá ampliándose, teniendo a Augusto Monterroso como su máxima figura y augurando también que el guatemalteco se agigantará tanto como un dinosaurio, pero esta vez uno del Jurásico. 


miércoles, 12 de febrero de 2014

DESDE CORTÁZAR HASTA CORTÁZAR

Hoy se cumplen 30 años de la muerte en París del escritor Julio Cortázar (1914-1984). En estos últimos días, y en especial en la jornada de ayer y hoy, el bombardeo sobre el escritor se ha recrudecido al máximo en periódicos y medios de comunicación. Yo no voy a recitar ni a glosar su biografía o hazañas, ni la voy a copiar o plagiar; en wikipedia y otros lugares del espacio virtual se pueden leer datos de su vida y obra hasta caer mareado.

De igual forma tampoco puedo hablar de aspectos más personales, pues falleció unos años después de haber nacido yo, por lo que no tuve la dicha de conocerlo personalmente, lo mismo que la inmensa mayoría de los que en estos días hablan y escriben sobre Cortázar, tampoco lo conocieron, pero algunos incluso lo tutean como si en verdad, en alguna ocasión, hubiesen estado hospedados por ejemplo en su casa parisina: es que Julio era... es que Julio decía...

Caricatura de Julio Cortázar hecha por Damián Flores Llanos.
De los grandes escritores, de los consagrados, de aquellos de los que se sabe todo o casi todo y cualquiera tiene la patente de hablar de su vida y obra, al final, tras su literatura, me gusta quedarme con los detalles, con sus anécdotas. En este blog ya he escrito acerca de su pasión por los gatos, y de la botella de absenta que suelen colocar sus admiradores sobre su tumba en el cementerio parisino de Montparnasse.

Disfruté mucho leyendo (y releído ya en varias ocasiones) el librito de Jesús Marchamalo Cortázar y los libros acerca del trato del escritor hacia los habitantes de su biblioteca, su manía de marcar, anotar y subrayar sus ejemplares, opinando y comentando o incluso arrancando las páginas de ediciones baratas que compraba en las estaciones de tren para arrojar las hojas por la ventana y seguir su camino ligero de equipaje. Una biblioteca, ahora en la Fundación Juan March, con todos sus libros, muchos de ellos dedicados, escritos en varios idiomas, en especial en su lengua materna, inglés, alemán y francés, adornados algunos con los preciosos y enigmáticos dibujos que él mismo hacía o los objetos que han aparecido en el interior de éstos. 

Uno de los muchos libros anotados por Cortázar
Y es que Cortázar no sólo fue un escritor mágico y de hondo calado, trascendental en la literatura hispanohablante, referencia en el llamado "boom latinoamericano" y James Joyce en lengua castellana;  fue también un lector voraz y un crítico implacable. Y ahí quedan todos esos detalles que no deben pasarse por alto, como su pasión por el jazz o la mutua admiración entre éste y Borges... pero la nula amistad entre ellos, al parecer por motivos ideológicos, y por supuesto recordar su maravillosa traducción de la prosa de Poe al castellano. Como guinda a la muerte que tanto se celebra, ha aparecido un libro cargado de datos y fotografías: Cortázar de la A a la Z. ¡Qué manía la de los vivos de celebrar las muertes de los otros!

miércoles, 29 de enero de 2014

SOBRE GATOS CRONOPIOS Y SUS MASCOTAS LOS ESCRITORES

Pudiera dar la sensación que son en este caso los escritores los que eligen a sus gatos y mascotas, aunque bien observado es justo al contrario, siendo estos extraños animalitos los que los escogen a ellos.

Parece evidente que grandes escritores que han sido incapaces de convivir con sus semejantes –Hemingwayo en el mejor de los casos personas complejas que han carecido de las mínimas habilidades sociales –Bukowski–, han hallado en los gatos un fiel compañero. Algunos de ellos hasta han llegado a poseer un nombre, como Taki, la gata de Raymond Chandler, o el más famoso de ellos, Teodoro W. Adorno, el gato callejero francés, “negro y canalla” de Cortázar, y otros muchos escritores que incluso han llegado a tener más de media docena de felinos a lo largo de su vida: Twain, T.S. Eliot (autor del poemario felino El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum que constituye casi un tratado en la materia y que ha servido de inspiración para el musical Cats), Churchill (político más que escritor) o Colette (autora de la novela corta La gata).

El gato negro, de Poe, ilustrado por Aubrey Beardsley

Entre los muchos escritores que han inmortalizado al gato como protagonista de algún escrito existen infinidad de ejemplos, como Lovecraft en su relato Las ratas en las paredes, gatos en verso como el Tame Cat de Ezra Pound, o el poemario Las flores del mal de Baudelaire, animales casi omnipresentes y en donde aparecen hasta tres poemas cuyo protagonista es un gato. Otros escritores, como Slauerhoff –también tenía uno negro–, lo han comparado con una mujer:

Como un gato blanco, tendida y desnuda
Yace al sol, en una cama de flores;
Los senos de su pecho se descubren
Como cúpulas sobre los cálices.
 
Pero no todos los gatos han salido bien parados, como Plutón, protagonsita de El gato negro de Poe, en donde el animalito es torturado y maltratado hasta límites insospechados.

W.F. Hermans

Gran cantidad de escritores en lengua neerlandesa han tenido como compañero a un gato tal y como escribe el escritor y periodista Onno Blom en un artículo que titula: El gato es un ser humano de orden superior. En 1985, el fascinante escritor W.F. Hermans publicó el libro De liefde tussen mens en kat (El amor entre el ser humano y el gato), que de acuerdo con el dicho popular sobre las vidas de estos animales, el libro consta de nueve capítulos, aunque yo nunca tengo claro si son nueve o siete, pero eso ya es otra historia.

miércoles, 15 de enero de 2014

EL HOMBRE TRISTE QUE SE MARCHÓ INVENTANDO

Juan Gelman (1930), el poeta argentino, se fue ayer para no volver más. Y se ha marchado no desde su Argentina natal, de la que huyó exiliado (que rima con asqueado), sino desde México D.F.. Sus típicas ojeras y su figura, propias de las de un personaje kafkiano y su tristeza contagiosa que arrastraba con motivo, reflejaban desgaste trágico y emocional. Provenía de una familia de judíos ucranianos. Ahí queda su bigote de inventor, de hacedor de palabras; adiós al humo que envolvía sus cenicientos cabellos. Adiós.



FINAL  

Ha muerto un hombre y están juntando su sangre 
en cucharitas, 
querido Juan, has muerto finalmente. 
De nada te valieron tus pedazos 
mojados en ternura.  

Del poemario Gotán (fragmento)

Este fue el primer poema suyo que leí. Y se autodesterró, como un personaje herido del Siglo de Oro, dedicando su vida a construir versos imposibles, palabras inventadas, poemarios sugerentes. Entre otros muchos, en 2007 ganó el importante Premio Cervantes y algunos hasta resumen su larga vida literaria en unos cuantos poemas. Como testamento el último de ellos, que dedicó a Joaquín Sabina.

VERDAD ES     

Cada día  
me acerco más a mi esqueleto.  
Se está asomando con razón.  
Lo metí en buenas y en feas sin preguntarle nada,  
él siempre preguntándome, sin ver  
cómo era la dicha o la desdicha,  
sin quejarse, sin  distancias efímeras de mí.
 (...)