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martes, 28 de julio de 2026

«EL INVIABLE ESTADO PALESTINO»: ENTREVISTA A RAFAEL GONZÁLEZ SERRANO

Rafael González: «Hay que resistir y rebelarse. Y en la medida de lo posible, contraatacar».


En esta ocasión traigo a este cuaderno de bitácora una enjundiosa entrevista que me ha concedido Rafael González Serrano, escritor, ensayista y traductor en relación a su interesantísimo libro, siempre de actualidad, El inviable estado palestino y otras consideraciones, publicado por la Editorial Celesta este mismo año.

ANTONIO CRUZ: En El inviable estado palestino sostiene una tesis que va a contracorriente del discurso dominante, o al menos el que parece que prevalece o más ruido hace en la sociedad actual. ¿Cuál es la idea central que subyace del libro? 

RAFAEL GONZÁLEZ: Como ya indico en su prólogo, aunque el primer ensayo da título al mismo, está constituido por cuatro textos que lo vertebran como si fuesen capítulos de un proyecto más general: constatar la confrontación de dos culturas —si se quiere civilizaciones— antitéticas, como son las de las sociedades cristianas y musulmanas.

A. C.: Usted afirma que la creación de un Estado palestino es imposible. ¿Cuáles son, en resumen, las razones históricas, políticas y geoestratégicas que sustentan esa afirmación? 

R. G.: Imposible sería considerar una probabilidad nula; inviable —aunque suene a sinónimo— es suponer una posibilidad mínima. En el libro, expongo diversas causas o razones. Una supone un choque frontal entre israelíes y palestinos: los dos se consideran víctimas de la historia. ¿Cuál lo es más? Si a eso se le añade que la finalidad de una de las fuerzas palestinas, Hamás, es la eliminación del estado de Israel, ya tenemos un conflicto irresoluble. A eso habría que añadir, claro, bastantes más factores. Al parecer, sectores de la Autoridad Nacional Palestina —con sede en Cisjordania— eran partidarios de negociar con Israel a fin de llegar a un reconocimiento mutuo. Sin un acuerdo de reconocimiento recíproco no hay solución viable. Por cierto, el que más de 150 países en la ONU hayan «reconocido» su existencia, le otorga el curioso estatus de «estado observador no miembro», dado el veto de Estados Unidos e Israel para su acceso como «estado miembro».

A. C.: ¿Considera que la comunidad internacional ha contribuido, con sus planteamientos, a mantener un conflicto irresoluble en lugar de favorecer una solución realista? 

R. G.: En primer lugar, la repartición del territorio que hace la ONU en su resolución 181 de noviembre de 1947 no parece que fuese muy justa: más territorio para Israel que para Palestina, aunque porcentualmente fuese bastante menor su implantación (también es cierto que le asignaba la tierra estéril del desierto del Neguev). A eso se suma el unánime apoyo de los países de la Liga Árabe a los palestinos. Tal es así que propiciaron varias guerras, todas ellas acabadas en derrota. Una postura más realista, ha sido la de llegar a tratados entre Israel y Egipto, Israel y Jordania; y, tras los Acuerdos de Abraham de 2020, también con otros países como Marruecos (parece peligrosamente grave para nosotros la cordial relación entre ambos), Sudán o Emiratos Árabes Unidos y Baréin.

A. C.: En un asunto tan polarizado como el conflicto palestino-israelí, ¿qué ideas cree que deberían revisarse con mayor urgencia? 

R. G.: Si los países árabes prosiguen el camino hacia posturas más pragmáticas y realistas, y normalizan sus relaciones con Israel, habría una camino que ofrecería ciertos halos de esperanza ¿Hasta qué punto pueden influir esos estados en las posturas de los gobiernos palestinos, porque hay dos y contrapuestos? Normalización diplomática, cooperación económica, seguridad y estabilidad serían las claves de una posible solución. Pero, hoy por hoy, el ideal de los Dos Estados es un tanto utópico. La injerencia de Irán en la región complica sobremanera esa solución: por su apoyo a Hamás o, incluso, a otro proxy como Hezbolá en el Líbano.

A. C.: Uno de los ensayos más llamativos del libro se titula «La libanización de Europa». ¿Cree que Europa corre el riesgo de «libanizarse»? ¿Encuentra algún paralelismo entre la evolución histórica del Líbano y algunos procesos sociales o políticos que se observan hoy en distintos países europeos, entre ellos España? 

R. G.: El término «libanización» al parecer se debe al presidente israelí Shimon Peres (por cierto, laborista), que lo aplicó al proceso habido en el Líbano como conflicto entre comunidades, el cual había llevado a la degeneración del estado hasta convertirlo en un estado fallido. La preocupante situación en muchas ciudades de varios países de Europa con la creación de las denominadas "no-go zones", permite establecer cierto paralelismo. Ante la inacción cuando no connivencia de las autoridades europeas, esos lugares cristalizan en sociedades cerradas —y queda claro que se tratan de comunidades musulmanas— dentro de la sociedad que las acoge. Ante el peligro que eso conlleva, y como reacción nada impide pensar que se puedan crear núcleos de resistencia. La «convivencia» entre comunidades (maronitas, sunitas, chiitas, drusos) saltó por los aires y derivó en una guerra civil desde 1975 a 1990. Puede que no guerra civil, pero sí pueden producir fuertes choques y enfrentamientos en determinadas zonas europeas; a no ser que haya una claudicación total, tanto del estado como de la sociedad civil, como vaticina pesimistamente Houellebecq.

A. C.: ¿Qué papel desempeñan la inmigración, el multiculturalismo, el movimiento woke convertido en falsa religión y la pérdida de una identidad compartida en ese proceso que usted describe? 

R. G.: Todo. La estrategia globalista, apoyada en las ideología woke (multiculturalismo, inmigracionismo, disolución de identidades nacionales, abolición de fronteras, pérdida de los referentes culturales tradicionales, «barbarie» de la muerte, etc.) pretenden desintegrar las sociedades occidentales, y para ello necesita de ingentes masas de elementos alógenos, vamos, los flujos migratorios masivos —la invasión «no violenta» que postulaba el presidente argelino Ben Bella— que difuminen el paisaje secular de esas naciones históricas.

A. C.: En su libro también dedica un capítulo al Genocidio armenio. ¿Por qué consideró importante incluir este episodio histórico, más olvidado, en una obra centrada en el asunto palestino? 

R. G.: Cuando se habla de Alianza de Civilizaciones cabría preguntarle al pueblo armenio qué piensa de ello (yo, como Samuel Huntington, creo más en el «choque de civilizaciones»). El progresismo internacional, más muchos buenismos, han escogido como bandera de reivindicación y activismo a los palestinos. Obviamente porque así confrontan con Israel. Y podría cuestionarse qué pasa con los tibetanos, los kurdos, incluso, los saharauis, ahora abandonados por el izquierdismo (no es lo mismo Marruecos que Israel). ¿Y los armenios? Si ha habido un pueblo perseguido y masacrado a lo largo de la historia ese ha sido el armenio (con permiso de los judíos, claro). Y durante más de cuatro siglos sus verdugos han sido los musulmanes; en este caso los turcos (con el paroxismo genocida de principios del siglo XX).

A. C.: ¿Qué enseñanzas cree que deja el genocidio armenio para comprender los conflictos étnicos y religiosos que aún hoy afectan a la región? 

R. G.: Los armenios han sido irredentos cristianos a lo largo de la historia (incluso se dice que fue el primer pueblo en adoptar el cristianismo). Y los turcos han sido sus principales victimarios. Claro que el poderío de Turquía —miembro de la OTAN, no se olvide— le hace inmune a cualquier acusación y le exime de reparaciones históricas. Armenia, que consigue su independencia tras el derrumbe de la URSS, es un estado vulnerable, encajonado entre Turquía y Azerbaiyán (otro país musulmán). De hecho, el conflicto con este último por la región de Nagorno Karabaj —Artsaj para los armenios— se ha saldado con la invasión de ese territorio y el éxodo de miles y miles de armenios. Ante el poderío turco y la riqueza petrolífera de Azerbaiyán, ¿alguien está dispuesto a proteger a Armenia? La enseñanza es que nadie moverá un dedo si los enemigos a Oriente y Occidente deciden alguna agresión. Armenia no es rico ni estratégico, y no habría ninguna UE que condenase una posible invasión, como sí se ha posicionado con la sufrida por Ucrania.

A. C.: Otro capítulo lleva un título muy explícito: «No somos moros». En éste intenta desmitificar el mito de las Tres culturas y el de al-Andalus, así como desmontar otros supuestos, como el de la herencia genética de la Península y más en concreto de los territorios del sur de España. 

R. G.: Es difícil desmontar mitos que se hayan instalado en el imaginario popular, y máxime si son respaldados por las versiones oficiales, tanto de los políticos como desde el punto de vista institucional (universidades, corporaciones, asociaciones). Que las delirantes «ocurrencias» de un filólogo hayan tenido más éxito que las investigaciones profundas y serias de un historiador —Claudio Sánchez Albornoz, a la sazón también presidente de la República en el exilio— ha sido porque interesaba para sostener el mito, y el negocio montando alrededor. Leyendo mi ensayo se constata la pléyade de razones históricas, culturales y, lo más importante, científico-genéticas que desmienten nuestra herencia árabe; ni siquiera en Andalucía, que no es lo mismo que al-Ándalus, para aclaración de ignaros. Capítulo aparte merecería el reconocimiento de padre de la patria andaluza de un orate, un vehemente vesánico, hecho primero por el «nacionalismo» andaluz, y asumido también por el ínclito Moreno Bonilla.

A. C.: ¿Hasta qué punto cree que en España existe un desconocimiento de nuestra propia historia en relación con el mundo islámico y el norte de África? 

R. G.: Como he apuntado previamente, se replican los tópicos, los lugares comunes, en definitiva los mitos constituidos y asentados. Es difícil que el común conozca las tesis de Fanjul, Sánchez Saus, Fernández-Morera, Maíllo Salgado, etc. Y no digamos las investigaciones académicas en torno a la genética —genoma, cromosoma, haplotipos, etc.— como las llevadas a cabo en las universidades de Harvard, Santiago, Oxford o Granada, por ejemplo. La propaganda es mucho más mediática que las indagaciones y estudios científicos.

A. C.: A lo largo del libro se entrecruzan historia, política y cultura. ¿Qué espera que encuentre el lector en sus páginas, aun no compartiendo sus conclusiones? 

R. G.: Desde una cuestión como la palestina, polémica donde las haya, aunque el mainstream (perdón por el anglicismo) ya sabemos por dónde va, hasta un tema incuestionable como el del genocidio armenio, por más que se haya marginado u olvidado. La «libanización» postula una hipótesis arriesgada pero no descartable. Me temo que la corriente mayoritaria también admite nuestra ascendencia árabe, aunque en este caso las tesis e investigaciones demuestren lo contrario (se confunden los préstamos culturales con la herencia étnica). Como indico en el prólogo, el lector puede entrar en debate con mis «consideraciones», aunque algunas bastante sólidas no categóricas, habida cuenta de que tampoco me considero un especialista, aunque sí un curioso y voraz lector (he acudido a unas sesenta fuentes para documentarme).

A. C.: Para terminar. En una sociedad en la que la «cancelación cultural» es el arma predilecta de la izquierda contra todos aquellos que no se pliegan a sus tesis (lo hemos visto recientemente con el escritor Marcos-Ricardo Barnatán), entiendo que la publicación de este libro supone un verdadero acto de valentía, sobre todo cuando gran parte de la sociedad occidental se posiciona sin ambages a favor de Palestina e incluso minimiza, o justifica, el brutal ataque de Hamás el 7 de octubre de 2023, criminalizando a quienes no pensamos como ellos. 

R. G.: Sí, como ya dije anteriormente, la izquierda controla el discurso cultural —con el wokismo a la cabeza—, con esa práctica torticera de justificar en ellos lo injustificable en los demás, o de enarbolar una supuesta superioridad moral, como en el reparto de carnés de demócrata acaparado en exclusiva. Un titiritero manifestó —con ignorancia sideral— que un intelectual no puede ser de derechas. Cientos de autores, desde conservadores a liberales (poetas, narradores, ensayistas, dramaturgos, pensadores, incluso artistas o cineastas) tengo acreditados como esos inexistentes actores culturales. Pero la propaganda es un género que manejan con descarada soltura, así como el control de los medios. Y sí, hay que resistir y rebelarse. Y en la medida de lo posible, contraatacar.


El inviable estado palestino y otras consideraciones (Editorial Celesta, 2026).


Rafael González Serrano nació en Madrid, donde estudió Telecomunicaciones, Filología Hispánica e Historia Antigua. Dedicado a la docencia, ha sido catedrático de Sistemas Electrónicos. En el terreno literario, ha escrito poesía, novela, ensayo y artículos sobre obras de poetas del siglo XX; también ha ejercido de traductor y la edición. 

Tiene publicados los siguientes libros: Presencias figuradas (2006), Manual de fingimientos (2008), Insistir en la noche (2010), Mapa del laberinto (2011), Siempre la feria (2012), Fragmentos de la llama (2014), Leves alas al vuelo (2015), Cruzar puertas traseras (2017), Las personas del verbo (2020), La Resistencia VOX (2021) y Las arenas del cielo (2024). Ha traducido a Valéry y Mallarmé, y editado una antología de Quevedo.

martes, 9 de junio de 2026

ANTONIO CRUZ PRESENTA SU POEMARIO «PORQUE HOY LLEGARÁN LOS BÁRBAROS» (DIARIO DE ALMERÍA)



ANTONIO CRUZ PRESENTA SU POEMARIO 
“PORQUE HOY LLEGARÁN LOS BÁRBAROS”.

La obra supone una defensa a ultranza de Europa y su tradición sociocultural desde la poesía.

8 de junio 2026

La librería El Cementerio de Libros Olvidados, situada en la céntrica calle almeriense Plácido Langle, junto a la plaza de San Pedro, ha apostado por los actos culturales, y buena muestra de ello tuvo lugar hace unos días con la presentación del poemario del escritor y traductor Antonio Cruz Porque hoy llegarán los bárbaros, publicado por la editorial madrileña Celesta. 

Antonio Cruz estuvo acompañado por el también poeta José Luis López Bretones, que apuntó que “el poemario tiene un título de evidentes resonancias kavafianas y podría leerse, hasta cierto punto, como una continuación del poemario anterior (Flores enfermas, 2023), en el sentido de que sigue siendo un libro de alguien que busca la redención a través del amor, en medio de un mundo como el actual, decadente, corrupto y que muestra claros signos de agotamiento”.


Añadió que “Antonio Cruz es un poeta eminentemente moral (que no moralista); es decir, bajo los signos y la frecuente aparición de una imaginería romántica y del malditismo, señalando por contraste la nostalgia de una moral fuerte sustentada en convicciones innegociables y en una tradición cultural extensa y fecunda”. 

López Bretones, que realizó un profundo y exhaustivo análisis del libro, explicó que “este es el marco conceptual desde el que creo que han de leerse los poemas de este libro: el de una civilización acosada por los bárbaros que a su vez es una alegoría de un amor acosado por el tiempo y por el pasado, pero que actúa sobre todo como el principio activo de una posible redención moral y existencial”.

En su intervención, Antonio Cruz confirmó que el título del libro está tomado, efectivamente, de un verso del poema "Esperando a los bárbaros", del poeta griego Konstantínos Kaváfis, y que “supone una crítica a la decadencia política y a la parálisis de una sociedad terminal, algo que, por desgracia, nos es demasiado familiar”, un poemario en el que aborda, de manera directa o bien velada, el ocaso de la cultura y la sociedad occidental “con el colapso de los valores éticos y espirituales de un mundo que literalmente se derrumba a nuestros pies, una Europa decrépita, moribunda, en donde asistimos a la caída de la Civilización Occidental y todo lo que ello supone, de la misma forma como antes cayeron otras civilizaciones, algo que no se produce de la noche a la mañana, sino en años y años de declive, negligencia e inacción”, afirmó Antonio Cruz. “Ya sólo esperamos”, continuó, “la destrucción final, y siento decirlo, pero ninguno de nosotros veremos ya lo que alguna vez fue Europa u Occidente”.


El escritor almeriense explicó que con Porque hoy llegarán los bárbaros ha tratado de adoptar el rol de poeta disidente e inconformista denunciando lo que para él supone una decadencia absoluta y “abogando por un regreso a las raíces fundacionales de Occidente, que no son otras que Atenas, Roma y la tradición judeocristiana”.

Antonio Cruz confesó que se siente atraído por el mal, lo perverso, lo macabro, pero el mal como noción creativa en cuanto al tratamiento que de éste hacen el arte, el cine, la filosofía y la teología y, por supuesto, la literatura, “por ello sigo recurriendo a Baudelaire, tanto en calidad de lector, como de poeta, con su concepto de ‘reversibilidad’, ese canal que une el bien y el mal, algo que el escritor francés recibe de E. A. Poe y que entronca con la visión dual y conflictiva de William Blake, pero que tiene su origen mucho siglos antes, en concreto en San Agustín de Hipona y con Santo Tomás de Aquino, que afirmaban que el mal no es una entidad real, sino la carencia o privación del bien”.

Con el fin de fundamentar el sentido filosófico-poético de su poemario por la defensa de la tradición cultural europea, el escritor almeriense mencionó asimismo a poetas e intelectuales como William Wordsworth, T. S. Eliot, Ezra Pound o José María Álvarez, un Antonio Cruz que concluyó su intervención, antes de dar paso a la lectura de alguno de sus poemas, haciendo referencia a la obra Se hace tarde y anochece, del cardenal Robert Sarah. Destacaron la lectura de poemas como "Europa ha muerto", "Zeus encuentra a Dánae", "Templo", "In cold blood" y aquellos que forman la segunda parte del libro (una suerte de postales poéticas de viajes por Italia) con títulos como "Un vacío de luz", "Estación Termini", "Cementerio de Verona" o "Cimitero acattolico", un homenaje, este último, al poeta José María Álvarez.



martes, 13 de enero de 2026

«PORQUE HOY LLEGARÁN LOS BÁRBAROS»

Porque hoy llegarán los bárbaros toma su título de un verso del poema «Esperando a los bárbaros», del poeta griego K. Kaváfis, y con esta declaración de intenciones el poemario aborda de manera general la confrontación con lo desconocido, la inquietud, la duda y la tensa espera de algo, que no se sabe bien qué es, o que será. 

El poemario fluctúa entre el clasicismo, el culturalismo y la cultura pop, presentando un estilo marcado por la influencia de poetas románticos ingleses como S. T. Coleridge, William Wordsworth, Lord Byron o John Keats, cuya pasión por la belleza y lo trascendente resuena en sus versos, así como por lo metafórico e irracional de los simbolistas y malditos franceses Charles Baudelaire, Gérard de Nerval y Arthur Rimbaud, que impregnan los poemas de una atmósfera de misterio y ambigüedad; en muchos pasajes se refleja, al mismo tiempo, la visión dual y conflictiva del mundo formulada por William Blake.

Se aprecia asimismo una evidente fijación por la muerte y el vampirismo, elementos recurrentes en la poesía de Antonio Cruz —acaso como expresión del deseo de trascender los límites de la existencia—, y de una revisión constante de escritores góticos y decadentistas, con un claro énfasis en lo macabro. En este contexto aparecen referencias líricas a Joy Division, Nick Cave, The Doors o Ilegales, y al cine, junto a evocaciones de poetas como Martínez Mesanza, Luis Alberto de Cuenca o Roger Wolfe, sin olvidar a los autores de lengua neerlandesa, cuya literatura Antonio Cruz conoce en profundidad gracias a su labor como traductor.

A través de sus poemas el autor expresa un profundo temor ante la decadencia de la cultura occidental, percibida como un colapso de valores espirituales y éticos, con un tono nostálgico y a la vez profético en el que no falta el recuerdo de las ausencias y la exaltación del amor, incluso desde un punto de vista teológico. 

El poemario, por tanto, aboga por un regreso moral a las raíces fundacionales de Roma, Atenas y la tradición judeocristiana, invocando sus legados de orden, sabiduría y trascendencia como faros de una humanidad al borde del abismo. 

Entre lamentos por un mundo que se desvanece y destellos de esperanza por su redención, Porque hoy llegarán los bárbaros es un canto crudo a la resistencia del espíritu humano frente a la fragilidad social y la caída inminente —o así se desprende de sus poemas— de la civilización occidental en la que cada uno de nosotros es testigo y nada puede hacer por salvarla, ¿o puede que sí?

EDITORIAL CELESTA


Editorial: Editorial Celesta
Páginas: 82 
Fecha de edición: Enero 2026