lunes, 13 de abril de 2015

BREVE ANTOLOGÍA DEL EPITAFIO MALDITO Y OTRAS HIERBAS INFUMABLES




Cuando el río es lento y se cuenta con una buena bicicleta o caballo sí es posible bañarse dos (y hasta tres, de acuerdo con las necesidades higiénicas de cada quién) veces en el mismo río.
AUGUSTO MONTERROSO

En ocasiones, resulta tan complejo hablar y explicar una obra, que lo más sencillo es recurrir a su título para poder intuir cierta información... si bien en este caso puede que hasta esto confunda todavía más. En (Breve) Antología del Epitafio Maldito pongo al servicio del leedor (la palabra es correcta aunque en desuso, no necesitan buscarla) toda una suerte de epitafios enormemente enigmáticos, sugerentes y evocadores que harán las delicias no sólo del experto en la materia, también del profano, que en este caso es mayoría.
Ilustración de cubierta: Krri On
Como en toda antología, aunque sea tan breve como esta, debe disponer de un estudio preliminar que ponga en antecedentes a aquellos que se atrevan a leer, repasar o estudiar los epitafios que muestro en esta obra mínima, que presenta además una completa y deliciosa bibliografía —primaria y secundaria—, adornada por un prólogo que firma el crítico y poeta Duco Perkenss, que supera los cien años de edad si bien conserva una lucidez envidiable.

ARTHUR HARKER  
Londres, 1701-Gravesend, Kent, 1749

El Támesis lo escupió 
una noche de verano,
de igual forma 
que en invierno lo engulló.

(St. George's Churchyard, Gravesend)


Imaginen introducir en una coctelera una pizca —generosa— de Monterroso (el escritor era mucho más que ese famoso y enorme dinosaurio que dicen tenía disecado en el salón de su casa), agreguemos las visitas que todos solemos hacer a los cementerios en nuestros viajes turísticos en lugar de hacerlo a los tediosos museos o grasientas hamburgueserías; a continuación, la estruendosa solemnidad de humor negro de la serie A dos metros bajo tierra, y para finalizar, por qué no (la música queda para el gusto del consumidor), también introducimos a los muertos de Edgar Lee Masters: et voilà, ahí aparece esta (Breve) Antología del Epitafio Maldito.

ADRIAAN CORNELISZ. HOOFT
Haarlem, 1724-Ouderkerk aan de Amstel, 1763
 
En estas bajas tierras 
pudridoras de toda esencia, 
exclamarán cuando falte a las 
sucesivas citas: ¡aquí reposa, 
un asiduo del Barrio Rosa! 

(Schellingwoude, Ámsterdam)
 
 
Lo más que puedo afirmar es que este es un poemario híbrido (extraño e indefinible) a medio camino entre el microrrelato (con su desarrollo, nudo y —fatal— desenlace) y la poesía más desgarradora y elegíaca; un ejercicio con el que he pretendido un claro objetivo: aunar la realidad confundiéndola con la irrealidad o viceversa; o lo que es lo mismo: apariencias, sueños o vigilias que se presentan aquí como forma de mi extraño y peculiar universo, que para eso es mío y es a mí al que fastidia.

TRUUS JANSEN
Noordwijk, 1699-Westeinde, 1770
 
Sé que me amortajarán y velarán 
con superficial desconsuelo 
quienes nunca cuidaron  
de este cuerpo ahora yerto.

(Oude begraafplaats, Noordwijk)


Tras esta breve explicación (puesto que breve es esta antología), sé que algunos se estarán preguntando: pero, ¿qué demonios es (Breve) Antología del Epitafio Maldito? Al leedor y hasta al lector le corresponde responder a esta pregunta... si puede. Por cierto, ¿y usted ha elegido ya el suyo? ¿su epitafio? No pierda el tiempo; el tiempo es oro.
 

«Cien años después aparece el nuevo Edgar Lee Masters». (Marginalia Review)

«Leyendo al autor de este libro, hasta dan ganas de ser protagonista de alguno de sus epitafios». S. JOHNSON (Revista Crítica)

«Una obra simplemente inclasificable; desconcertante». J.J. KRRI (Bavaria)

«Disfruten tanto como yo lo he hecho de la lectura de estos epitafios malditos... no se sabe si alguno de nosotros apareceremos en una futura edición, corregida y aumentada». D. PERKENSS

«Los epitafios malditos te enganchan, desde el principio hasta el final. Cuidado, son adictivos».  J. F. PYNCHON

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