domingo, 23 de febrero de 2014

EL DE MONTERROSO, EL MICRORRELATO MÁS RETWITTEADO DEL MUNDO

Hace años que vengo profesando una mayor dedicación a la lectura de microrrelatos y relato breve en general. Quizá porque la falta de tiempo me conduce a ello, o puede que sea porque la micronarrativa encarna y posee a la perfección todo lo necesario para disfrutar de una buena lectura y a la vez evocar uno por uno aquellos elementos –que ni mucho menos son exclusivos– de la literatura inconmensurable de interminables libros; aunque probablemente sea por ambas cosas. 

El relato hiperbreve El dinosaurio, de Monterroso junto al dibujo del mismo autor



Con el que más disfruto y mi predilecto por encima de todos es el guatemalteco Augusto Monterroso (1921-2003), narrativa breve que curiosamente me hace ser capaz de enumerar una interminable lista de alabanzas y beneficios para la salud lectora y física. Mucho mérito tuvo Monterroso siendo capaz de sobrevivir fuera de aquel monstruo que fue el boom latinoamericano, ya que el guatemalteco compartía muchas características con los autores más representativos del mismo, pero desde una posición exógena, desde la distancia. A la literatura de Monterroso la conocí en mi primer año universitario gracias a un librito que aún conservo: El eclipse y otros cuentos, editado por Alianza (Cien). Reconozco que masqué aquellas páginas un poco trastocado por la brevedad de sus relatos, en especial el renombrado y archifamoso El dinosaurio, sin creer realmente si aquello  –ese microrrelato– podía ni tan siquiera existir. Bien es cierto que la exquisita literatura de este sublime escritor está llena de referencias a autores clásicos y preñada de una crítica ácida, en ocasiones palpable, en otras latente, y todo recubierto de un fino sentido del humor, de un humor negro y macabro en muchos casos.

Hace ahora un año hablé sobre microliteratura y Monterroso en un artículo que titulé El tweet más perfecto de la (pre)historia, y reconzco que lo redacté harto de oír hablar de tweets y demás expresiones y estilos que las redes sociales han usurpado como si fuese ahora cuando se ha descubierto la brevedad en el texto o la expresión lacónica, reclamando y exigiendo con aquel artículo la paternidad del tweet para el genial guatemalteco. 

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, 21 de diciembre de 1921-Ciudad de México, 7 de febrero de 2003)
El dinosaurio, la citada obra, puesto que es una obra, es todo un fenómeno digno de estudio, y es que resulta extrañamente contradictorio que de tan diminuta composición haya nacido tanta literatura paralela y un número tan exagerado de opiniones, traducida a una decena de idiomas e incluida en otras tantas antologías. Un ejemplo: El dinosaurio anotado, de Lauro Zavala, un asombroso estudio del renombrado relato hiperbreve. Parece meridianamente claro que éste hace referencia al PRI mexicano encarnado en aquel dinosaurio perpetuo y omnipresente, pero si atendemos a su autor, "sus interpretaciones son tan infinitas como el universo mismo". A mí me resulta deliciosa esa relación simbólica tan contrapuesta entre un animal de proporciones gigantescas dentro de una composición tan breve, pero conseguida; pura y delicada paradoja de magistral ejecución. 

De Monterroso, como si hubiese sido inoculado por algún virus, pasé a leer las breves composiciones de Kafka, que también tiene mucho que decir dentro de la micronarrativa, y más tarde a Borges, Max Aub, Ribeyro y últimamente a Fernando Iwasaki. Y de aquellos primeros años universitarios, antes de saber nada de microliteratura, conservo una composición que yo mismo hice a la que curiosamente he recurrido en varias ocasiones, como en esta última, y que comprende su desarrollo, nudo y desenlace en apenas una docena de palabras, pero que entonces no tenía ni la menor idea que aquello podía considerarse un microrrelato.

Afirmó de Monterroso Carlos Fuentes: "lo que a unos nos tomaba cien páginas, a él le tomaba una frase". Sé con total certeza que con el paso de los años la micronarrativa seguirá creciendo y su presencia literaria seguirá ampliándose, teniendo a Augusto Monterroso como su máxima figura y augurando también que el guatemalteco se agigantará tanto como un dinosaurio, pero esta vez uno del Jurásico.