Juan Gelman (1930), el poeta argentino, se fue ayer para no volver más. Y se ha marchado no desde su Argentina natal, de la que huyó exiliado (que rima con asqueado), sino desde México D.F.. Sus típicas ojeras y su figura, propias de las de un personaje kafkiano y su tristeza contagiosa que arrastraba con motivo, reflejaban desgaste trágico y emocional. Provenía de una familia de judíos ucranianos. Ahí queda su bigote de inventor, de hacedor de palabras; adiós al humo que envolvía sus cenicientos cabellos. Adiós.
FINAL
Ha muerto un hombre y están juntando su sangre
en cucharitas,
querido Juan, has muerto finalmente.
De nada te valieron tus pedazos
mojados en ternura.
Del poemario Gotán (fragmento)
Este fue el primer poema suyo que leí. Y se autodesterró, como un personaje herido del Siglo de Oro, dedicando su vida a construir versos imposibles, palabras inventadas, poemarios sugerentes. Entre otros muchos, en 2007 ganó el importante Premio Cervantes y algunos hasta resumen su larga vida literaria en unos cuantos poemas. Como testamento el último de ellos, que dedicó a Joaquín Sabina.
VERDAD ES
Cada día
me acerco más a mi esqueleto.
Se está asomando con razón.
Lo metí en buenas y en feas sin preguntarle nada,
él siempre preguntándome, sin ver
cómo era la dicha o la desdicha,
sin quejarse, sin distancias efímeras de mí.
(...)
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